Y llegamos a 1953, fecha en que Albert Park albergó por vez primera el GP nacional. La carrera fue organizada por el Comité del parque Albert Park y el Ejército, de manera que acabarían dividiéndose los beneficios resultantes.
Al igual que en 1935 con la carrera que conmemoró el centenario del estado de Victoria, algunas autoridades locales hicieron todo lo posible para suspender la carrera. Si en aquella ocasión la objeción se fundamentaba en la ecología, en ésta última la base de toda crítica era el vallado que rodeaba el perímetro y el consiguiente pago de entradas para acceder al recinto –situado en suelo público, por otra parte–. El proyecto, finalmente, pudo seguir adelante sin cambios significativos. Es así como se entiende que, el día de la carrera, hubiese multitud de soldados rodeando el trazado controlando el acceso del público… a fin de cuentas, el cumplimiento de la ley terminaba repercutiendo en la economía de la jerarquía militar (!).
El sábado 21 de noviembre, ante unos 70.000 espectadores –de los cuales sólo 27.000 accedieron por los torniquetes habilitados (es decir, pagaron)– se vivió el primer GP de Australia alrededor de Albert Park. La configuración del trazado era algo distinta a la actual, aunque las vías primitivas por las que rodaban las máquinas eran prácticamente las mismas que hoy; eso sí, por aquel entonces se giraba en sentido antihorario.
La gran afluencia de público acabó reportando solamente unos 2000 dólares australianos de superávit. Sin duda el despliegue de soldados, vistas las cifras de gente que ‘saltó’ el vallado, no tuvo que ser demasiado efectivo.
Por lo que respecta a la competición, Doug Whiteford dio un mazazo sobre la mesa al completar las 200 millas previstas con (ni más ni menos que) ¡cinco vueltas de diferencia respecto el segundo (y eso que durante el penúltimo giro tuvo que arrastrarse hasta pits para cambiar un neumático que se le había descompuesto)! Ningún rival pudo toser a su Talbot-Lago, con el cual ya había cosechado la edición anterior en Bathurst.
La segunda plaza fue a parar a manos de Curly Brydon en un MG modificado, mientras que el último peldaño del podio recayó sobre Andy Brown y su MG K3. La vuelta rápida, en cambio, fue para el Maybach de Stan Jones.
El Gran Premio nacional volvió a visitar las cercanías de Melbourne tres años más tarde, aprovechando que la mayor parte de las miradas –a escala internacional– estaban centradas en ésa ciudad, sede de los XVI Juegos Olímpicos. Se trató de una de las primeras grandes carreras celebradas en Australia, a la que muchísimas más le tomarían el relevo; la impresionante lista de inscritos, con la presencia de Maseratis y Ferraris (muchos de ellos propiedad de participantes locales, quienes los habían adquirido expresamente para dicha prueba), así como la llegada de pilotos de ultramar reconocidos –como pueden ser Jean Behra, Peter Whitehead, Jack Brabham o Stirling Moss–, fue clave para que el evento resultara todo un éxito.
Otro hito fue la llegada por vez primera de un equipo de fábrica, en este caso Maserati. Ferrari, con sus Lancia D50, en un principio también tenía que hacer acto de presencia; finalmente, a causa de problemas en las comunicaciones, no pudieron llegar a tiempo. La parrilla la completaban, por consiguiente, monoplazas privados; pero como ya se ha dicho, los ‘specials’ o ‘derivados de’ habían dejado paso a máquinas realmente avanzadas de importación como eran los Cooper Bristol, los Alta o los Talbot-Lago.
El lunes 10 de diciembre –dos días después de la clausura de los JJOO– los alrededores de Albert Park se llenaron de aficionados (sobretodo al olimpismo) venidos de todos los rincones del mundo. En su día se calculó que fueron entre 100.000 y 200.000 las personas que vieron en directo la carrera.
Deportivamente hablando, Moss fue el claro vencedor a lomos de un 250F. La vuelta rápida absoluta (a cargo del inglés), superando las 100 mph (160 km/h) de media, es una clara muestra de la velocidad increíble del trazado.
Por detrás llegaron Behra (con 2 minutos 12 segundos de retraso, ¡y eso que pilotaba el mismo monoplaza de fábrica que el primer clasificado!), Whitehead, Reg Hunt y Stan Jones. Brabham, por su parte, no llegó a tomar la salida.
De nuevo determinados sectores de la sociedad victoriana mostraron su oposición a la celebración regular, en un futuro no muy lejano, de carreras automovilísticas en el parque. Tras dos intentos fallidos en 1935 y 1953, esta vez la oposición fructificó: el primer ministro Henry Bolte dictaminó que el Comité de Albert Park no podría volver a albergar pruebas del motor sin el consentimiento del gobierno conservador que él encabezaba. Es así como se entiende que hayan tenido que pasar casi cuatro décadas de larga travesía para que, en otoño de 1994, se presentara un proyecto para volver a albergar pruebas del motor en Albert Park...
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Redacción TheF1.com Colaboradores: Narcís Molina Montasell